sidebar Clínica Dermatológica - Dr. Edgardo Rodríguez Vallecillo: La obesidad y tu piel

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lunes, 16 de junio de 2014

La obesidad y tu piel

Acantosis nigricans en la nuca
En días pasados han salido nuevos artículos alertándonos sobre el incremento en la obesidad y todas las complicaciones que se derivan de ésta tales como la diabetes, la hipertensión, la enfermedad cardiovascular, el hígado graso, el colesterol elevado. En fin, se hace preocupante ciertamente para la salud pública, pues la última estadística de EU indica que una de cada 10 personas está diabética. En Puerto Rico, la incidencia de diabetes podría ser aun mayor. Sin embargo, el aumento en el índice de masa corporal se asocia con diversos problemas de la piel que, aunque de menor envergadura por no reflejarse en la tasa de mortalidad, crean muchísimos problemas de calidad de vida para quienes los padecen. Veamos en más detalle algunos de éstos:


Acantosis nigricans y la conexión insulina


 Es la manifestación cutánea más frecuente en los obesos. Consiste de áreas oscuras, aterciopeladas con acentuación en los pliegues o líneas de la piel. Suelen aparecer en el cuello, las axilas y la entrepierna. En casos más severos, puede notarse en los codos, nudillos y hasta en la cara. A menudo va acompañada de la presencia de numerosos pólipos o colgalejos (“tetitos”) color piel o marrón.

Las personas con sobrepeso u obesas suelen desarrollar resistencia a la insulina. ¿Y qué tiene que ver la acantosis nigricans con la insulina? Es que cuando el cuerpo se torna resistente al efecto de la insulina, nuestro cuerpo, mientras todavía el páncreas está saludable, fabrica y libera mayor cantidad de esta hormona al torrente sanguíneo para compensar esa falta de respuesta de los tejidos.


Ese nivel elevado de insulina en ayunas es el que fomenta la acantosis nigricans (AN). Podría decirse que aquellos obesos con estos cambios de AN, que son más notables y frecuentes en personas de tez más oscura, van dirigidos a desarrollar diabetes tarde o temprano si no corrigen su sobrepeso. Esta resistencia debe verse como un preámbulo de diabetes.

Ovarios poliquísticos

En el caso de la mujer, la obesidad puede alterar la función de los ovarios y las glándulas adrenales, lo que provoca un grupo de manifestaciones que, en conjunto, llamamos síndrome de ovarios poliquísticos. Puedes leer más sobre este tema accediendo aquí.


Este grupo de mujeres, que no siempre tienen quistes en sus ovarios por sonografía ni muestran siempre todas las características del síndrome, pueden presentar problemas de falta de ovulación, menstruaciones irregulares, diversos grados de infertilidad y alteraciones en el patrón de lípidos sanguíneos.


En la piel, presentan hirsutismo (aumento de vello facial y/o corporal) así como acné. Estas últimas características son provocadas por un relativo aumento en las hormonas masculinizantes, inducido por los niveles elevados de insulina. Estos altos niveles interfieren con la fabricación equilibrada de varias de las hormonas que regulan el ciclo menstrual.


Más aún, hay alguna evidencia que los propios niveles elevados de insulina tienden a estimular directamente el folículo piloso y las glándulas sebáceas a producir un aumento en la producción de sebo y exceso de vello.



Infecciones de la piel

 
Aunque no hay una relación tan directa de causa y efecto, el aumento en el índice de masa corporal puede agravar o aumentar la frecuencia de infecciones comunes de la piel.


El aumento en fricción y calor en los pliegues abdominales, la entrepierna y entre los dedos de los pies, crea sudoración, maceración del tejido, irritación y un entorno ideal para el desarrollo de infecciones bacterianas así como por hongos comunes tales como candidiasis y hongo en los pliegues y la uñas.


Algunas infecciones bacterianas pueden ser relativamente leves, como foliculitis o abscesos, pero en obesos diabéticos o en casos de obesidad mórbida, algunas infecciones pueden ser agresivas y requerir hospitalización, intervención quirúrgica y, en ocasiones, terminar en amputaciones, sepsis (septicemia) y riesgo de muerte.



Otras manifestaciones cutáneas

 
Aunque no se conocen todos los detalles de por qué se forman las estrías, sabemos que las personas gruesas, especialmente durante tiempo prolongado, suelen tener mayor incidencia de ellas. Se sabe que hay factores genéticos y hormonales envueltos en esto.


Otro hallazgo común en obesos es la queratosis pilaris, que también suele verse en personas alérgicas. En esta condición, se observan numerosos y diminutos taponcitos ásperos color piel o rosados, particularmente en las partes laterales de los brazos, los muslos y las caderas. No suele haber mayores síntomas, más allá de lo desagradable que a muchos les resulta sentir lo que describen como “un guayo”.


Los obesos, con o sin diabetes tipo II, suelen tener mayor frecuencia de problemas de insuficiencia venosa en las piernas. Se cree que el aumento en la presión abdominal interfiere con el retorno venoso de las extremidades inferiores y provoca distensión de las venas, algo parecido a lo que pasa temporalmente durante los embarazos.


Esto, a su vez, provoca que se escape o filtre suero y algunos glóbulos rojos fuera de las venas, lo que va provocando un proceso inflamatorio que termina produciendo endurecimiento de la piel de las piernas y manchas diminutas color marrón, en especial, por los tobillos.

En casos más avanzados, se producen úlceras, habitualmente en la parte interna de los tobillos y el final de la pierna. Aunque hay personas delgadas con problemas venosos, los obesos tienden a tener mayor riesgo de ulceración.
Además, al haber más presión sobre la planta del pie, la obesidad se asocia con un mayor índice de callosidades, especialmente en forma de herradura, en el talón. En muchos casos ese tejido calloso se reseca, se endurece y se agrieta, lo que resulta doloroso y peligroso. Esto abre la puerta para que entren microbios y riesgo de infecciones.


Por último, hay mayor frecuencia en obesos de una enfermedad no infecciosa llamada hidradenitis supurativa, que ocurre en áreas como las axilas, los glúteos, la entrepierna y debajo de los senos. Estas lesiones purulentas, que muchos llaman “golondrinos”, duelen, se inflaman, supuran, crean cicatrices, fístulas que pueden afectar seriamente la calidad de vida.


Muchos de los problemas que he mencionado pueden mejorar muchísimo con solo bajar de peso. Motívate y consulta a tu médico primario para que te evalúe y determine una dieta apropiada así como un programa de actividad física, según permita tu salud general. La obesidad es un problema de todos y que apremia enfrentarlo y mejorarlo.

El dermatólogo debe poder ayudarte con cualquiera de estos problemas cutáneos, así como orientarte sobre cómo prevenirlos o cómo intervenir temprano para evitar complicaciones.

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